Las previsiones del cambio climático indican un aumento inevitable de la temperatura del planeta. Si bien las posibles consecuencias están siendo estudiadas para los cultivos agrícolas principales, la información disponible para las producciones frutícolas es escasa. En la región noroeste de la Argentina, los productores olivícolas obtienen desde hace tiempo rendimientos muy variables. Ante la posibilidad de que ello se deba al incremento térmico, investigadores del CRILAR (Conicet-La Rioja) y de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) realizaron experimentos en la provincia de La Rioja y hallaron que mayores amplitudes térmicas y temperaturas mínimas redujeron 1,5% la producción de aceite y 1,3% su calidad, respectivamente. El fenómeno tendría alcances mundiales.

“Desde hace tiempo, los productores de La Rioja vienen registrando rendimientos muy diferentes entre localidades, incluso para la misma variedad de olivo. Un estudio previo que nuestro grupo realizó junto con el Centro Regional de Investigaciones Científicas y Transferencia Tecnológica de La Rioja (CRILAR-Conicet) nos hizo pensar que podía deberse a las mayores temperaturas. Como este fenómeno ocurre dentro del marco del cambio climático, en nuestro trabajo postulamos que no sólo es un problema local de La Rioja o de la Argentina, sino de alcance global”, dijo Georgina García Inza, docente de la cátedra de Fruticultura de la FAUBA.

García Inza, quien también es becaria post-doctoral del Conicet, explicó que para estudiar los impactos de las altas temperaturas sobre la producción, durante sus estudios de doctorado se realizó un experimento en el que elevaron artificialmente la temperatura del aire 5 y 10 °C por sobre la del ambiente. “Estos incrementos los conseguimos por medio de unas cámaras de plástico transparente, equipadas con un sistema de calentamiento y monitoreo electrónico, que colocamos en ramas fructíferas de olivo de la variedad Arauco. Después de 76 días durante la fase de acumulación de aceite, cosechamos las aceitunas y medimos, entre otros parámetros, el porcentaje de aceite y la proporción de ácido oleico”.

“En relación con la proporción de aceite en los frutos, los resultados —que están publicados en la revista Scientia Horticulturae— mostraron un efecto muy fuerte de la amplitud térmica diaria, es decir, la diferencia entre la temperatura mínima y la máxima. Encontramos que las aceitunas contuvieron un 1,5% menos de aceite por cada grado de aumento en la amplitud térmica media diaria”, afirmó García Inza.

Y para completar su explicación, añadió: “En cuanto a la calidad del aceite, analizamos la proporción de ácido oleico, que es un compuesto esencial en este sentido. Vimos que por cada grado de aumento en la temperatura mínima diaria, el porcentaje de este ácido graso cayó un 1,3%. Es decir, con temperaturas mínimas más altas se obtiene un aceite de menor calidad”.

Un futuro verde oliva

Aunque los resultados de García Inza se podrían extrapolar a cualquier cultivo de olivo en el planeta, ella manifestó su preocupación por la situación actual de la producción en nuestro país. “La Argentina posee aproximadamente 100.000 hectáreas de este cultivo. La variedad más común es la Arauco, pero también existen otras como la Arbequina y la Coratina, implantadas a partir de la década del noventa. El problema es que esta superficie muestra una tendencia al estancamiento o a decrecer. Más allá de la necesidad de implementar políticas que incentiven a los productores, también es fundamental mejorar los aspectos productivos”.

“Además, —remarcó—, es importante que técnicos y productores presten atención a los parámetros de calidad del aceite, sobre todo cuando ya se sabe que las temperaturas mínimas van a subir y que la calidad, según nuestros resultados, va a bajar. Como decía antes, un parámetro de calidad lo da el ácido oleico, que ayuda a reducir el contenido de colesterol en sangre en los seres humanos. También hay que mencionar a los ácidos linoleico y linolénico, que son responsables de los compuestos volátiles que le otorgan los aromas característicos al aceite de oliva”.

En este marco, la investigadora destacó la importancia de profundizar y expandir la línea de investigación. “En una siguiente etapa se debería, por ejemplo, abarcar la totalidad de la fase de crecimiento de las aceitunas e, incluso, realizarlo a escala de todo el árbol de olivo en vez de ramas fructíferas. Esto va a permitir tener una mejor idea de los parámetros de crecimiento y rendimiento. Incluso, contar con esta información y con buenos registros climáticos hará posible seleccionar, en el futuro, áreas de plantación más adecuadas”.