Arrancó con la exportación de varietales cuando se conocía poco y nada de los vinos argentinos en el exterior y el malbec fue uno de sus emblemas. Nicolás Catena Zapata, es sin duda uno de los grandes referentes de la vitivinicultura argentina y su trabajo abrió paso a parte de la industria.

Como doctor en Economía analiza que la administración de Macri subestimó “la fama de mal pagador que tiene nuestro país” y por eso comenzó esta última crisis.

-Otra vez crisis y devaluación para Argentina ¿Cómo se gestiona una empresa en este contexto?

-Es muy difícil. Para el mercado externo una devaluación promete una mejora pero nunca sabemos si se va a concretar dependiendo de cuánto se incrementen los costos.

A esto agréguele la nueva incertidumbre que aparece con el inicio de una fuerte retención a la exportación industrial. Para el mercado doméstico, devaluación implica más inflación, mayores utilidades contables ficticias y la enorme dificultad de estimar la evolución futura de los costos.

-¿La inflación qué rol juega? 

-Cuanto mayor es la tasa de inflación mayor es la probabilidad de no poder trasladar al precio de venta los mayores costos. Pero lo más grave es la imposibilidad contable de hacer un ajuste por inflación. Sin ajuste una empresa vitivinícola puede terminar pagando más de un 60% como tasa del impuesto a las Ganancias.

-¿Qué análisis hace de la administración Macri? 

-Mi análisis indica que la administración Cambiemos no ha cometido errores técnicos. Tenían tres opciones para enfrentar el déficit heredado: un brutal ajuste inmediato, usar el impuesto inflacionario o endeudarse. Eligieron endeudarse para poder efectuar un ajuste gradual. Y tomaron deuda pública interna y externa a muy corto plazo. Hasta abril de 2018 le prestaron y de pronto dijeron no más. ¿Por qué? La opinión que he recogido de grandes operadores financieros internacionales es que no pueden olvidar que en diciembre del año 2001 los congresistas festejaron el no pago de la deuda externa, festejaron el default. Tal vez podríamos concluir que el único error de Cambiemos fue subestimar la fama de mal pagador que tiene nuestro país.

-En recesión, ¿hay oportunidades?

-Estamos esperando una fuerte recesión en el mercado interno. A mi entender la mejor estrategia es ser muy cauteloso con los aumentos pensando que si no caen tanto los volúmenes se minimizarán las pérdidas.

-¿Exportar es la única “tabla de salvación”?

-Sí. Es una ayuda tener marcas afianzadas en mercados externos. Pero no sabemos en cuánto se trasladará a los costos de insumos y salarios este mayor precio del dólar. Y con una complicación nueva, desconocida, que es cuánto representará finalmente en la relación costo-beneficio este impuesto denominado retención a la exportación industrial. Es un impuesto que ha exigido la oposición a contramano de todas las recomendaciones académicas para una estrategia de crecimiento económico.

-No nos va mal pero tampoco muy bien. En Estados Unidos, nuestro principal mercado, pareciera que la moda del malbec se ha aquietado. Su demanda no crece sino que está disminuyendo suavemente. En China no crecemos al ritmo que crece Chile, nuestro competidor más cercano. Aunque en el caso de mi empresa estamos vendiendo muy muy bien, pero se trata de nuestra marca más cara. La buena noticia es que el precio promedio FOB unitario de todas las exportaciones argentinas está creciendo.

-Con este tipo de cambio, ¿se puede recuperar segmentos de precio en exterior?

-No lo creo. Salvo con los vinos a granel. Los costos de los vinos embotellados posiblemente crezcan en la misma proporción que se ha desvalorizado el peso, sobre todo teniendo en cuenta la nueva retención.

-Para Argentina, ¿conviene una estrategia de volumen o de vinos a mayor precio la caja?

-Ambas estrategias pueden ser ventajosas. Pero cuando hablamos de vinos de alta calidad no debemos olvidar que su producción es limitada. Hay muy pocos lugares en Argentina capaces de producir vinos que puedan competir con los grandes vinos del mundo. Es un tema de terroir. Si no tenemos el terroir, el lugar, no hay forma de crecer. Todo indica que no es factible reproducir el terroir de esos pequeños viñedos adonde se obtiene un Petrus o un Romanee Conti.

-Sus bodegas han recibido excelentes críticas con muchísimos vinos, pero ha llamado la atención de los especialistas el trabajo que ha realizado con criolla ¿Qué objetivo persiguen con esta variedad?

-Mi padre era un enamorado de una variedad que denominábamos criolla chica. Y en algún momento le conté a mi hija Laura y a Alejandro Vigil de esta preferencia. Se entusiasmaron y elaboraron un criollo utilizando toda la tecnología enológica más moderna. Ha gustado muchísimo. Veremos cómo sigue, cómo avejenta.

-¿Qué cree que sucederá con el consumo interno de vinos? ¿Seguirá cayendo?

-Este tema me preocupa. Viví aquellos años en los setenta donde consumíamos más de 90 litros per cápita. ¿Qué ocurrió? No tengo una buena explicación. Una teoría atribuye la caída a un reemplazo por la cerveza, pero los números no coinciden. Nuestras investigaciones actuales nos indican que los vinos de mayor calidad continuarán creciendo, no así los de menor precio.

-¿Qué perspectivas de negocio tienen para 2019? 

-Como siempre mi mayor preocupación en este negocio son los accidentes climáticos. Heladas, granizo, falta de agua, son factores que pueden causar fuertes subas de precio y pérdidas de mercados. Pero si no tenemos helada, estimo que continuaremos vendiendo bastante bien los vinos de mayor precio, compensando los menores volúmenes de las calidades inferiores.

Perfil

Nicolás Catena Zapata 

Nació en Rivadavia. Es propietario de Bodega Catena Zapata, Bodegas Caro (sociedad con Chateaux Lafite-Rothschild) y Puerto Ancona SA. Es doctor en Economía (UNCuyo), máster en Economía (Universidad de Columbia-EEUU) y miembro fundador del Centro de Estudios Macroeconómicos de Argentina (CEMA). En 1990 lanzó el primer vino bajo su marca en EEUU. Ha recibido innumerables premios y distinciones por su vasta trayectoria en el negocio del vino.