En la presente campaña 2018/19, poco más de la mitad de la ganancia que le quede a un productor cordobés antes de impuestos terminará en manos del Estado.

Según un informe elaborado por los economistas Juan Manuel Garzón y Nicolás Torre del Ieral de la Fundación Mediterránea, en un establecimiento “tipo” de Leones, los impuestos nacionales y provinciales que recaen en forma directa o indirecta sobre la actividad agropecuaria representarán el 55,8 por ciento del margen neto antes de impuestos. En uno de Jesús María, la carga se eleva hasta 57,5 por ciento.

En ambos casos, los derechos de exportación son el principal aporte al Estado: 53,7 por ciento del total que se paga en impuestos en Leones, y 58,9 por ciento, en Jesús María. Por detrás, se escalonan el Impuesto a las Ganancias (33,9 por ciento y 30,7 por ciento, respectivamente), y el Impuesto Inmobiliario Rural (6,2 por ciento y 3,3 por ciento, respectivamente).

Evolución

Este peso de los impuestos sobre la rentabilidad es inferior al que tenían durante el segundo Gobierno de Cristina Fernández, cuando la carga tributaria llegó a ser del 71,8 por ciento en el campo teórico de Leones, y del 76,5 por ciento en el de Jesús María.

Para Garzón y Torre, el principal factor que explica esto es el “Efecto cupos”; es decir, la distorsión que representaban los registros de operaciones de exportación y que significaron el ocho por ciento del margen neto de los establecimientos entre 2008 y 2015.

La decisión del gobierno de Mauricio Macri de eliminar estos instrumentos y las retenciones a trigo y maíz (además de reducirlas para soja) achicó el peso de los impuestos al 56,7 por ciento en Leones y 58,9 por ciento en Jesús María, durante sus primeros tres años de gestión.

Retenciones

Por las necesidades fiscales, hace dos meses la Casa Rosada decidió restablecer las retenciones a todos los productos exportables e incrementarlas para la soja, pero los números del Ieral muestran que el peso de los impuestos se mantendría en un porcentaje similar al del período 2016-2018, salvo que exista un escenario de nuevo atraso cambiario o ajuste de las cotizaciones.

¿Por qué? La primera explicación de Garzón y Torre es “la importante suba de precios internos de los granos (superior a la de muchos costos, caso de fletes)”, gracias fundamentalmente a la devaluación ocurrida en los últimos meses.

Pero también mencionan cambios de política tributaria que son beneficiosos: específicamente, la baja de tasas en el Impuesto a las Ganancias de Sociedades Comerciales (de 35 a 30 por ciento para establecimientos que reinvierten utilidades) y la posibilidad de tomar el 100 por ciento del Impuesto a Débitos y Créditos como pago a cuenta en Ganancias, en pymes.