Bifes anchos argentinos, cocción argentina, pero parrilleros chinos. Fueron los actores principales de la mayor atracción del pabellón de alimentos y productos agrícolas de la gigantesca CIIE: la “parrilla” del stand del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA).

Xu Wu Wen (40 años, nacido en Chengdu, provincia de Sichuan) habla un español “casi” argentino porque vivió siete años en Buenos Aires, en donde se le pegó hasta el “che” como muletilla. Se hace llamar “Simón” por los extranjeros y se declara fanático del bife de chorizo. Es el encargado del restaurante “El obelisco”, con sedes en Shanghai y Beijing, fundado por un chino que se fanatizó con nuestra carne y sirve “parrilla argentina” a sus compatriotas.

Lin Yun Chao (35 años, nacido en Heze, provincia de Sandong) no habla una palabra en español pero saca los bifes como si hubiese nacido en el Río de la Plata. Hace quince años que se encarga de la parrilla de “El obelisco”. “He probado muchas carnes de diferentes países pero la argentina es mejor”, asegura. “La carne vacuna argentina es muy diferente a todas las comidas occidentales”, agrega el parrillero que aprendió su oficio de manos de “maestros argentinos”.

“Prefiero comer la carne al estilo argentino”, sentencia el cocinero oriental que se adapta tanto a los bifes a la plancha como a la preparación de los manjares de las pampas con leña y carbón.

Por su parte, Xu Wu comenta que son los consumidores más jóvenes los que prefieren el estilo occidental a la hora de comer mientras que la gente de más edad se inclina por la comida tradicional china. No obstante, según su análisis gastronómico, algunos cortes de carne argentina, como por ejemplo el vacío, se adaptan perfectamente al estilo chino (“hot pot”).

A lo largo de la CIIE, Lin Yun y Xu Wen, fueron los encargados de despachar los cuarenta kilos de bife ancho por día que hicieron las delicias de los importadores –invitados a comer al restaurante Argentine Beef por los empresarios argentinos-  y de miles de chinos que hicieron larguísimas filas para las degustaciones “al paso” en el stand del IPCVA.