Salvador Di Stefano: “El gobierno de Mauricio Macri implanto un plan gradualista que fracaso”

De dónde venimos o hacia dónde vamos.

La presentación del presupuesto 2019 y sus proyecciones dio lugar a muchas opiniones, trataremos de desagregar el análisis para llegar a conclusiones que no permitan tomar decisiones en materia económica y financiera. 

La argentina en los últimos 8 años, vivió en 5 años con recesión y en 3 años con expansión. La dinámica de convivir con déficit fiscal, alta inflación y tipo de cambio bajo nos llevó a un escenario económico desfavorable para los intereses del país. La inversión y la exportación estuvieron ausentas, y el consumo no alcanza para dinamizar el crecimiento de la Argentina.

El gobierno de Mauricio Macri implanto un plan gradualista que fracaso, y que nos dejó en un escenario muy delicado, ya que emergieron los problemas estructurales y el mercado no desea financiar a Argentina en este contexto.

En este escenario el gobierno decide tomar el toro por las astas, y propone un presupuesto 2019 con déficit 0, esto implica que los
ingresos y gastos queden igualados, y solo se financie el pago de intereses. Para los años sucesivos desde el 2020 al 2022, se propone un superávit primario de 1% del PBI.

Hasta aquí el presupuesto en forma taxativa, sin embargo, estas medidas traen consigo externalidades negativas y positivas que debemos conocer, y tomar como dato para planificar nuestra vida comercial.

El ajuste presupuestario a déficit 0 se realizará con una baja muy pequeña de gastos, y una suba muy fuerte de impuestos. El impuesto que más impacta en la vida económica es el aplicado a las exportaciones, ya que cambian la planificación de negocios de los exportadores. Si bien la suba del tipo de cambio le reporta buena rentabilidad a quienes venden al exterior, hay situaciones puntuales que no se han tenido en cuenta, y pasan por el complejo agroexportador.

La soja bajo el gobierno de Cristina cotizaba en Chicago en U$S 480 la tonelada (promedio) y tenía una retención del 35%. En la actualidad la soja cotiza en U$S 300 la tonelada y tiene una retención del 29%, esto implica que ni un tipo de cambio en $ 50,00 la hace rentable, máxime en los lugares que la soja no supera los 30 quintales de rendimiento. La ignorancia de la clase política en este tema, hace que irresponsablemente se condene a muchos productores que no saben cómo proceder, y poner en riesgo la viabilidad económica de muchas tierras productivas lejanas a puerto. La zona núcleo con rindes superiores a los 40 quintales y cerca de puerto es otra realidad económica, pero de ninguna manera luce holgada.  

Hace un año atrás, el gobierno presentaba un presupuesto 2018 en donde nos decía que el crecimiento sería del 3,5% del PBI, y que dicha mejora se repetía en los años venideros.

En el presupuesto 2019 nos dice que en el año 2018 la caída del PBI será el 2,4%, en el año 2019 la caída será del 0,5%, en el año 2020 creceremos el 2,8%, en el año 2021 el 3,0% y en el año 2022 el 3,5%. Para volver a crecer a una tasa razonable del 3,5% deberíamos esperar al año 2022.

La caída del consumo privado persistiría en el año 2019, y recién lograríamos una mejora en el año 2021. En lo que respecta al consumo público dejaría de caer en el año 2021, para mantenerse congelado desde año en adelante. El comercio sentirá fuerte el ajuste, es el primer empleador de la Argentina.

La inversión mostraría una fuerte baja en el año 2019, año electoral en donde las expectativas estarán congelada, y recién en el año 2020 podríamos observar una mejora importante.

Las exportaciones son las que mejor reaccionan en este escenario, dado que la suba del tipo de cambio nos hace sumamente competitivos. Las importaciones caen abruptamente, y dan lugar a un proceso de sustitución de importaciones que en algunos rubros es beneficioso para el país. Este es un cambio positivo, pero representan el 12% del PBI y no pueden constituirse en locomotora con tan baja participación en la economía.  

En resumen:

. – El presupuesto 2019 trae consigo mayor presión tributaria que es nocivo para la actividad económica en el mercado interno, la exportación y afecta la inversión. El déficit cero le pone un techo al crecimiento de la deuda pública. Esto les pone fin a décadas de desfinanciamiento, es un cambio estructural que disfrutaremos a futuro, pero en el corto plazo será un ajuste muy duro a soportar por muchos sectores de la sociedad.

. – Hay un cambio brutal en la forma de hacer negocios, con lo cual hay estructuras que están sobredimensionadas, esto nos llevara a un escenario de mayor cantidad de suspensiones y desempleo, con la consecuencia lógica sobre el consumo interno.

. – El gobierno estimo el presupuesto con un dólar promedio para el año 2019 en $ 40,1 entiendo que si hubieran tomado un dólar más elevado las proyecciones sobre la actividad económica serían mucho peores que las proyectadas, pero seguimos sin mostrar la realidad. Nadie en su sano juicio se cree que el dólar estará a ese precio para el promedio del año 2019. La inflación del año 2019 está proyectada en torno del 34,8% anual.

. – Si el gobierno proyecta una inflación del 34,8% y desea mantener el tipo de cambio competitivo, para fines del año 2019 el dólar debería cotizar como mínimo en torno de $ 60,00 si estimamos que en el año 2018 termina en $ 45,00.

. – El camino a recorrer es muy difícil, Argentina necesita dos cosechas buenas, y un cambio de gobierno para recomponerse de esta crisis. Todo está en el marco de seguir en el camino de ajuste fiscal, equilibrio en las cuentas públicas, y poder volver a los mercados voluntarios de crédito.

. – El tipo de cambio en $ 40,00 luce alto, pero no vemos inversores dispuestos a vender dólares a este precio, y la última palabra la tiene el mercado. No parece, por ahora, haber encontrado un techo.

. – De largo plazo me quedo con una mirada positiva, el gobierno esta atacando los dos graves problemas que tiene el país, la corrupción y el desmanejo de las cuentas públicas. Nos llevara 3 años volver a crecer a una tasa del 3,5% anual. Lo que cuesta vale, necesitaremos cohesión de la clase política para llevar las reformas adelante, un gran apoyo de las instituciones, y que el pueblo acompañe. Una vez más se le pide el sacrificio a los que menos tienen, y cuantos años se van postergando ilusiones.