Acabo de recibir la noticia de la cancelación de la reunión que iban a mantener los productores tamberos, la industria y el resto de los integrantes de la cadena láctea. No salgo de mi asombro. Por un momento, imaginé que luego de tantos reclamos y con estadísticas sobre el cierre de los tambos, el gobierno daría señales concretas de asistencia o rescate a un sector de la ganadería al que la perinola siempre le cae en “pierde todo”.

Durante mucho tiempo, escuché al titular de CRA, Dardo Chiesa reclamar una política seria para la lechería. Y en una de las últimas entrevistas que realicé, cuando le consulté sobre este tema, Chiesa me explicó que en un momento desde el gobierno le pidieron que les diera tiempo y ya no hable más de la lechería, porque pensaban que sus dichos no ayudaban a resolver el problema. Chiesa dejó de criticar la política lechera, o más bien la falta de política lechera. Sin embargo, transcurridos más de dos años de gestión, lo bueno no abunda y las malas noticias llegan desde todas las cuencas lácteas.

En la última reunión de la Mesa de Competitividad Láctea, se planteó la posibilidad de que la industria pueda pagar más a los productores lecheros, que hoy por hoy reciben cerca de $ 6,20 por litro de leche cruda. Y aquí es donde se ve a las claras cuál es la política del gobierno: que todo lo regule el mercado. No están traicionando sus ideas: el titular de la actual Dirección Nacional de Lechería, Alejandro Sammartino, mantiene esta idea desde el primer momento en que asumió la responsabilidad de sacar a la lechería de la debacle en la que se encontraba. Sin embargo, hoy los tamberos están peor que en 2015, con todo lo que eso representa.

¿Qué significa que “todo lo regula el mercado”?

La idea del gobierno es que con el actual tipo de cambio, con un dólar cercano a los 30 pesos, las industrias puedan empezar a exportar. El problema es que no hay materia prima: no hay exceso de producción porque los tambos, por falta de rentabilidad, cuestiones climáticas y diversas razonas, cerraron en los últimos tiempos a razón de uno por día, miles de animales fueron a faena, se perdió mucha inversión en genética, se acentuó la concentración, los tamberos pequeños y medianos se fueron yendo del negocio y la producción, si bien no cae drásticamente, esta estancada.

La estrategia de la Dirección Nacional de Lechería es que aumenten los precios en el mercado interno, que caiga el consumo local y que de esa manera empiece a haber más sobrante para que la industria pueda empezar a hacer mejores negocios. Sólo así podría pagarle más al productor primario, eslabón fundamental en la cadena productiva, y tener mejores balances para mantener el agregado de valor en la cadena láctea. El problema de todo esto es que el aumento de precios va a castigar a los consumidores y además, nada garantiza que la industria transfiera parte de esa supuesta rentabilidad a los tamberos. Los costos aumentan para todos y nada es así de simple en la economía de estos tiempos. Por ejemplo, hay que tener en cuenta que los negocios de exportación no se generan de la noche a la mañana y que eso puede demorar varios meses hasta que se logren cerrar negocios en el exterior.

Protesta en Rosario

Una de las entidades más críticas de la política lechera, Confederaciones Rurales Argentina, realizará una asamblea en Santa Fe para relevar la actual situación de los productores y evaluar algún tipo de protesta para que la sociedad visualice el conflicto.

El gran inconveniente que tienen los tamberos es que no tienen fondos para movilizarse, trasladar animales y armar una protesta, sino ya hubieran llevado las vacas a Plaza de Mayo hace mucho tiempo.

El problema es de precios, los productores quieren que exista un mercado transparente. Es mucho más simple de lo que se cree, por eso muchos sospechan que no es una cuestión de falta de ideas, sino que se trata de políticas en las que ni el productor ni los consumidores son prioridad. ¿Lo serán la industria y los supermercados?

Se terminó la paciencia y muchos productores quieren realizar una protesta, que podría tener epicentro en alguna ciudad de Santa Fe o Córdoba, cerca de las principales cuencas lecheras. El pedido desde el sector productivo es muy claro: medidas concretas avaladas por el Presidente Macri para salvar a la lechería o la salida de Alejandro Sammartino, que permita la llegada de alguien que comprenda que el tambero no puede resistir un día mas en estas condiciones.