El acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur llevó 20 años de negociaciones, pero finalmente, desde hace una semana, hablamos de esta concreción que los especialistas destacan como “histórica”. A eso se suma Gustavo Idígoras, presidente de CIARA-CEC, que en diálogo con Radio Campo -por Radio Colonia-, se refirió al acuerdo como “la historia de un sufrimiento que parecía interminable”.

Según revela el especialista, parecía una firma muy complicada porque, antes, Europa no quería negociar el ingreso de productos agroindustriales del Mercosur -más allá de los que ya compraban-, y no querían bajar aranceles ni dar cuotas.

A cambio, explica, sí querían tener el ingreso de prestación de servicios, es decir, concretar que las empresas europeas puedan vender bienes industriales en el Mercosur, y por supuesto este bloque decía que no.

Sin embargo, destaca que en 2016 esa tendencia empezó a revertirse, y que tuvo mucho que ver, en primer lugar, el cambio de Gobierno en Argentina. Luego, dos factores: la guerra comercial entre EEUU y China obligó a Europa a mostrar acuerdos rápidamente para mostrar que podía haber creencias a favor del libre comercio, y el Brexit llevó al continente a demostrar simbólicamente que tenía un proceso de integración sólido.

Así, el Mercosur tuvo la oportunidad de firmar este primer acuerdo, que es político, advierte. Ahora viene la parte difícil, dice, porque todos los países de la UE y del Mercosur lo tienen que aprobar en sus parlamentos, por lo que creemos que su implementación será entre 2022 y 2023.

Para Idígoras, el agro en general se verá beneficiado porque Europa es el principal comprador de alimentos y bebidas en el mundo, y el Mercosur se transformará en los próximos años en el primer exportador mundial en ese rubro. Por lo tanto, dice, es natural ver una fusión entre ambos.

En esa línea, admite que podría haber sectores que se vean perjudicados, aunque marca que sería “de manera muy limitada”. Con eso, dijo, se refiere a que podrían perder el mercado de Brasil frente a la baja de derechos de importación de los productos europeos que compitan en ese mercado.

Puntualmente, en el sector vitivinícola, hay una visión dual del tema: “Algunas cámaras están muy contentas porque implica eliminar aranceles de importación en Europa, y otros sectores que ven un problema porque tienen a Brasil asegurado como comprador”, concluyó.