La crisis económica que soportaba la cadena desde hace casi un año, reflejada en la baja de los precios de la materia prima y la falta de rentabilidad del comercio exterior, recibió el golpe de gracia con las lluvias del último mes. Menor producción, tambos que cierran y empresas que dejaron de recibir leche son las consecuencias que generó la nefasta sociedad que conforman la falta de rentabilidad y las inundaciones.

Preocupadas por la caída en la recepción de leche, que en algunos casos llegó a paralizar sus tareas, las industrias redoblan esfuerzos para que no se corten procesos productivos de sus abastecedores y la entrega de la materia prima. La tarea no es sencilla. En el este provincial, la falta de caminos hizo que la logística entre tambos e industrias sea muy precaria. Y obligó a muchos establecimientos a “secar” las vacas (sacarlas de ordeñe) y reducir la producción.