En los últimos días volvimos a hablar de las semillas de chía por una resolución del Banco Central que impidió que se exporten por primera vez a India, a poco más de un mes de haberse abierto ese mercado para la Argentina. Con el conflicto destrabado, y la exportación a punto de concretarse, nos propusimos hablar de cuánto se está valorando esta producción a nivel mundial y cómo viene creciendo su incorporación en las dietas de diferentes países.

Sobre eso habló en Palabra de Campo -por Radio 10- el especialista en agroalimentos Claudio Sabsay, que comenta que se trata de una producción con antiquísima historia. Es una planta nativa de México y Centroamérica en general, usada en la dieta básica de los Aztecas y Mayas.

De hecho, contó, la palabra “chía” es de origen maya y significa “fuerza”. Tiene más de 5.000 años de presencia silvestre en Mesoamérica y unos 2.600 años antes de Cristo ya fue domesticada.

Un dato interesante habla de la cultura agrícola de las diferentes comunidades originarias: cuando los españoles llegaron a América, ya había veinte especies botánicas diferentes domesticadas por estas comunidades.

Además, ya valoraban a la chía por la energía que brinda, y la usaban, por ejemplo, antes de entrar en batalla. Estas propiedades hicieron que, más allá de la influencia española, la chía no pasara a segundo plano porque siguió asociándose a los guerreros y las poblaciones que migraban y también la usaban como fuente de energía para largos viajes.

Aún así, explicaba, su producción cubre no mucho más de 100 mil hectáreas en el mundo. “Argentina está, con México, Paraguay y Bolivia, entre los mayores productores mundiales de chía, pero se están sumando países como Nicaragua, Perú, Ecuador y Australia, que cuenta con mucha zona desértica y semiárida”, dijo.

Entre 2011 y 2015, el volumen de las exportaciones de chía creció siete veces, o un 700%. Y los principales importadores son Estados Unidos, que adquiere un 53$ del comercio mundial, o Europa, que compra un 17%. También se están incorporando Canadá, China y Malasia.

En Argentina, el consumo es todavía muy bajo. Se estima que sólo se consumen alrededor de 150 toneladas anuales como consumo directo, y que se usan otras 350 toneladas para producción de 700 mil litros de aceite, el resto se exporta.

Según explicó Sabsay, es un producto que tiene condiciones, y se trata de un complemento ideal para incorporar a jugos y yogures, porque no tiene sabor e incrementa mucho el volumen al ser hidratada, por eso da textura y calidad nutricional al alimento sin alterar el sabor.

Por lo tanto, cuenta, la industria alimentaria ya puso sus ojos sobre esto. En 2011, en Estados Unidos se introdujo la chía a unos veintiún productos. Sólo un año después, el número ascendió a más de cien productos.