A partir de sus diferentes estamentos de control de producción y comercialización de alimentos, la Unión Europea ha prohibido hace algunos años la utilización de antibióticos como precursores de crecimiento, tanto en vacas como también en cerdos y aves. Esto estimuló a la industria farmaceútica mundial a desarrollar algún tipo de estrategia para suplir esos ingresos que deja de percibir, que desde lo monetario eran cuantiosos.

Así lo contaba el Médico Veterinario y columnista de Radio Campo -por Radio Colonia- Marcelo Zysman, que contó cómo una empresa de capitales mundiales pero fundamentalmente de origen irlandesa investigó acerca de utilizar alguna sustancia que no genere residuos en los derivados animales para el acceso al hombre y que permitiera un buen desarrollo de los animales pero también la prevención de determinadas enfermedades.

Para eso decidieron estudiar como modelo de desarrollo a la mastitis bovina, que genera pérdidas enormes a nivel mundial por el deshecho de muchos animales con capacidad productiva que se contaminan, sufren la enfermedad por bacterias que se transfieren a la leche, y hacen que esta no pueda comercializarse.

Una empresa desarrolló entonces el proyecto “Panamast”, que podría estar aprobado por los organismos de control recién para 2021 o 2022. Este permite que, sin usar antibióticos pero sí utilizando sustancias liberadoras de oxígeno, se consiga que no se desarrollen las bacterias patógenas a nivel de la glándula mamaria y, por ende, su no aparición en leche.

Por eso hablan de “curar mastitis con jabón en polvo”. Es que se lo compara con los jabones en polvo que compramos. Se genera el peróxido de oxígeno, que es una sustancia que genera burbujas que expulsan físicamente a la bacteria del sitio donde se fijó, y el exceso de oxígeno, además, la mata.

Dando estas sustancias que se pueden aplicar por pomitos dentro de la ubre, o con aerosoles, sería suficiente, y el costo sería bajísimo, explica. Los beneficios serían tanto para el consumidor, que tendría un producto de máxima calidad sin antibióticos adicionados (ya que la OMS lucha por el mal uso de los mismos, que predispone el desarrollo de bacterias resistentes), como para el productor, que tendría mayor ganancia de leche porque muchos animales podrían quedarse en el tambo.