La ganadería del NOA y del NEA se prepara, mediante leves aumentos del stock y
principalmente de la calidad de sus rodeos, para aumentar su productividad, en vistas a poder acceder a mercados de exportación. Sin embargo, la alimentación ganadera se sostiene casi en su totalidad con pastizales naturales. Estas especies adaptadas conforman diferentes estratos de pastizales que expresan su biomasa en función a la oferta ambiental y al suministro de nutrientes que reciben. Así tendremos grandes volúmenes de pasto como los pajonales de paja amarilla (sorghastrum setosum) o cortadera (Panicum prionitis), y menores volúmenes como es el caso de los espartillares (Spartina argentinensis). Cualquiera sea el escenario vegetal su productividad no se traduce proporcionalmente a la receptividad, debido a que ofrecen una rápida y alta proporción de componentes estructurales de baja calidad. Una de las tecnologías que mejora esta condición es la incorporación de pasturas megatérmicas, las cuales ofrecen una mayor producción, calidad y estabilidad de materia seca digestible, permitiendo un incremento en la productividad y receptividad de los sistemas ganaderos.

Incorporación de pasturas
El Ing. Zootecnista Fernando Nenning, Coordinador del Proyecto de Megatérmicas del INTA,
plantea que “la macro región donde se desarrollan estas plantas se caracteriza por una amplia variabilidad de suelos, precipitaciones y temperaturas, a partir de las cuales se aconseja el uso de determinadas forrajeras. Una de las particularidades que poseen estas plantas es su tolerancia y adaptación para crecer bajo condiciones de altas temperaturas. Estas características ambientales determinan que la producción de forraje se concentre en el período estival, con poco o nulo crecimiento en el invierno, existiendo escasez de forraje durante 100 a 150 días, según el año y la región”.

Los cambios ambientales bruscos frecuentes en la región, en donde se pasa rápidamente de una condición seca a una inundación y viceversa, potencian el concepto de la utilización de mezclas forrajeras según el ambiente, a fin de amortiguar esos efectos extremos. Allí
reside la importancia del uso de especies plásticas, (como grama rhodes, tangola, aeschynomene) dado su gran poder de adaptación y tolerancia a las diferentes condiciones
ambientales, como bajas temperaturas, sequías, excesos hídricos, etc.

Recomendaciones para una implantación exitosa Hay una cantidad importante de forrajeras tropicales de distintas características adaptadas a los diferentes ambientes de la región. Cada una de estas genera un salto productivo en comparación a la vegetación natural y muchas de ellas además proveen servicios ecosistémicos como la captación de carbono, fijación de nitrógeno y retención de agua. Por lo tanto, unas de las vías para incrementar la productividad ganadera de la región, es aumentando la superficie de pasturas. En este sentido mejorar el éxito en la implantación es clave para alcanzar este objetivo.

Algunos aspectos a considerar son:
La elección de la especie a sembrar se debe hacer en primer lugar en función al tipo de suelo y régimen de lluvia que posee el lugar donde se desea sembrar. Toda esta información la ha compilado el INTA en https://inta.gob.ar/documentos/gramineas-forrajeras-para-el-subtropico-y-el-semiarido-central-de-la-argentina

Una particularidad de algunas zonas es su amplia variabilidad de suelos, lo cual determina que la pastura no presente un comportamiento uniforme en todo el lote. Es común es estos casos observar, que la pastura se distribuya solo donde el suelo y relieve ofrecen condiciones de humedad, fertilidad y tipo necesarias para la germinación y persistencia de la especie, estando ausente en aquellos sitios del potrero que no se reúne esa condición. Una sugerencia para estos ambientes es utilizar mezclas de 2 o más especies. Es decir, colocar en la mezcla de semillas una o varias especies acompañantes en función a los tipos de suelo que ofrece el ambiente.

La ventaja de esta alternativa es la de ofrecer mayor cantidad de forraje de manera
uniforme en toda la superficie sembrada.

Oportunidad de siembra: en las zonas húmedas generalmente se siembra primero que en las zonas semiáridas. Lo importante es considerar la oportunidad de siembra, que es cuando se dan condiciones de fotoperiodo, temperatura y precipitaciones adecuadas para la germinación.

Entonces, lo importante a considerar en la siembra, es la oferta ambiental que recibirán las
semillas durante su germinación y crecimiento. Lo recomendable es tratar de ajustar la época, ayudados con pronósticos climáticos, de tal forma que dichas simientes dispongan de buena condición de humedad, temperatura y luz durante dichas etapas.
Densidad de siembra óptima: el mecanismo adecuado para establecer una correcta densidad de siembra es a través de la cantidad de plantas que se quiere lograr por m². La cantidad de plantas por m² que debemos considerar también variará de acuerdo a la estructura de las mismas, en tal sentido las plantas de porte erecto (matas) demandarán más plantas por m² que las de hábito rastrero; pues la capacidad de estas últimas ayuda a cubrir más rápidamente el suelo. Es importante conocer la calidad actual de las semillas, en especial su poder germinativo, pureza y peso de 1000 semillas, estos parámetros son importantes para establecer una correcta densidad de siembra.

Profundidad de siembra: en general, se debe utilizar un sistema se siembra que garantice tapar las semillas a una profundidad no mayor al doble del tamaño de la misma.
El Ing. Daniel Méndez, Coordinador del Programa Nacional de Forrajes del INTA señaló “dentro de sus temas prioritarios esta Institución continuará en los próximos años abordando la problemática integral de la incorporación de megatérmicas. En esta nueva etapa se estudiarán el impacto de su incorporación en los sistemas de producción, tradicionales o intensificados, no solamente su aporte en términos de base forrajera sino sobre su impacto en la provisión de servicios ecosistémicos tales como el control y mitigación de excedentes hídricos. Además de los efectos que causan en la dinámica de nutrientes, el control de biomasa, mitigación de incendios, en la biodiversidad y en el balance positivo de captura de carbono”.

En este sentido se viene desarrollando la Mega GIRA 2019, cuyo objetivo es brindar información actualizada para seleccionar la especie adecuada, mejorar su sistema de siembra y utilizar la densidad de siembra correcta. Esta primera edición ya contó con la participación de más de 900 productores y asesores de la región, y también de países limítrofes.