“Hemos perdido la esperanza y este era el último cartucho que nos quedaba”, dice Raúl Martínez (“El negro” entre los dirigentes), presidente de la Sociedad Rural de Nogoyá, después de hacer público el pedido de la entidad al Gobernador entrerriano Gustavo Bordet de disolver Vialidad Provincial por la falta de mantenimiento de los caminos rurales.

Raúl se define como un pequeño productor que trabaja y vive en el campo, y que ama la tierra: “Me circula por las venas”. Vive en el campo desde que nació y falta menos de un mes para que, el 1° de junio, cumpla 75 años. Dice que el problema de los caminos rurales abadonados no es algo que le hayan contado: “Lo vivo y sufro desde chiquito”.

“Este es un problema de vieja data, desde que tengo memoria estamos pidiendo que nos arreglen los caminos”, cuenta y recuerda que hace unos veinticinco años habían ripiado los caminos troncales en la zona de Nogoyá, pero asegura que “después, el abadono fue tan grande que desaparecieron”.

Según el presidente de la Rural, han perdido toda esperanza y creen que al Gobierno no le interesa este problema: “No sé si en algún otro lugar de la provincia hay máquinas nuevas, pero en esta zona lo que queda son pedazos de máquinas viejas. Ha pasado tanto tiempo desde que las usaron que los caminos desaparecieron y ya son calles para que pase el agua, que se lleva la tierra”.

Cuando llueve los campos vecinos tienen que sacar la producción y pasan con tractores de doble tracción para hacerlo, pero dejan huellones de hasta 60 cm de profundidad y nos termina siendo imposible salir, aún con las 4×4 de las que tanto hablan. Acá no sirven, caen dos gotas y te guardas la 4×4 en el galpón porque si salís queda colgada”, afirma.

Raúl Martínez y Amparo, una de sus tres nietos.

De paso, recuerda que no cambia la camioneta desde el 2007 porque “nos ahogan a impuestos”. Tampoco se va de vacaciones más que dos o tres días con su mujer, de la misma edad, y ni siquiera pudo afrontar la compra de un poste para poner en el campo. “Sin embargo, de eso no me quejo. Sé que trabajo para pagar impuestos”, dice, pero -cómo mínimo- reclama poder salir de su casa. Por eso apelaron a este pedido e insiste en que “era el último cartucho” después de años de insistencia.

“Le pedimos que disuelva Vialidad y arme una nueva. No queremos pelearnos con nadie ni hacer daño. Queremos que nos arreglen los caminos porque no podemos salir. Llueven 10 o 15 milímetros y no puedo salir de mi casa para comprar ni lo que necesito ni lo que quiero consumir. Trabajé toda la vida sin pedirle nada al Estado pero me prohíben salir cada vez que caen cuatro gotas. Estamos presos”, señala, y se emociona al recordar las incontables ocasiones en las que las lluvias lo agarraban a él y a su familia fuera del campo, de noche, y se sacaban las zapatillas para cruzar.