El proyecto se puso en marcha a través del plan educativo de la cárcel. La apicultora y docente Luciana Pavón lo propuso y el responsable del colegio interno, Adrián Ciancio, tomó la idea. Rápidamente encontró un grupo de alumnos interesados en aprender a hacer miel.

Ahora, después del galardón en la muestra apícola -que reúne cada año a los mejores productores de mieles del país-, el producto podría comenzar a comercializarse.

Pavón envió una muestra al concurso de Maciá, donde reconocieron la miel cipoleña como la mejor en la categoría oscuras. La flora silvestre que rodea el penal le dio su tonalidad y un sabor único.

“Fue una sorpresa para nosotros el premio. Empezamos en agosto del año pasado. Esta fue la primera cosecha que hicimos, y conseguimos este premio”, manifestó Ciancio en diálogo con LU19.

Entusiasmados por el reconocimiento, los docentes y los presos quieren producir más miel ya que los primeros frascos los consumieron en la cárcel y los regalaron a familiares.

“El objetivo primordial, igual, es mantener el proyecto por lo que representa socialmente para los internos. Es una salida laboral y para ellos muy importante porque les cuesta conseguir trabajo” cuando recuperan la libertad, subrayó Ciancio.

Desde el Penal 5, incluso, plantearon la posibilidad de extender la capacitación a otras cárceles de la provincia