El último informe de IERAL asegura que la producción de carne dejó de crecer este año. Si bien coinciden en que puede haber influido el hecho de que se alarguen los tiempos de engorde de un segmento de animales, la causa de fondo sería la falta de crecimiento del rodeo en 2018, que responde a ausencia de inversiones post-sequía, las restricciones financieras, los bajos precios de la hacienda y la incertidumbre macroeconómica y electoral, entre otros factores.

Sobre eso dialogó con Radio Campo -por Radio Colonia- Juan Manuel Garzón, economista y miembro de la Fundación Mediterránea, que explica que los actores todavía están en modo de espera para ver cómo evolucionan las variables que impactan sobre la producción. “La ganadería es el inicio del proceso y todos los restantes actores de la cadena dependen del ánimo, la inversión y los resultados productivos que logran los establecimientos ganaderos”, indicaba.

A los precios actuales de la ganadería y sin condiciones macroeconómicas y de reglas de juego claras, que alienten la inversión, la “espera” actual puede transformarse en un paso atrás. Por el contrario, explicaba que la actividad puede salir de su letargo si se disipa cuanto antes la incertidumbre económica general y en particular la propuesta económica que el próximo gobierno, sobre todo si es de otro signo político, tiene para con la ganadería y la cadena de la carne.

En esa línea, advierte que “está claro que el mercado externo, liderado por China, se encuentra muy demandante de proteínas animales”, y remarca que todos coinciden en que este se mantendrá en modo “comprador” por varios años más. Además, los precios internos de la hacienda y los costos internos en general se encuentran, luego de la devaluación de la moneda, sumamente competitivos, completamente alineados para sostener y potenciar el crecimiento de las exportaciones. Pero hay obstáculos que limitan la visibilidad y factores de riesgo importantes que los productores y actores de la cadena están evaluando y no pueden dejar de tener en cuenta.

Según explicó, el más relevante de estos factores de riesgo tiene que ver con lo siguiente: dada la dinámica que muestran las exportaciones y la capacidad de producción actual, habrá conflicto más temprano que tarde entre los envíos que van al mercado externo y los que van al mercado interno; se presentará una escasez que derivará en aumentos importantes de precios de carne bovina en góndolas.

El gran interrogante, sostiene, es qué hará el próximo gobierno cuando esta situación se presente. ¿Dejará que actúe el mecanismo que el mercado prevé para estos casos, la suba de precios que desalienta consumo, alienta inversiones y producción futura, o por el contrario, se intervendrá el mercado como ya sucediera anteriormente para influir sobre el destino de la producción?, se pregunta la entidad.