Eduardo Cueto Rua es director del posgrado en Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica de la Facultad de Medicina del Hospital de Niños de La Plata y pasó por Palabra de Campo -por Radio 10- para desmitificar acerca de algunos alimentos. En este caso dos que los argentinos consumimos mucho: harinas y lácteos. 

El especialista reveló que desde hace más de 40 años trabaja en la gastroenterología por el impacto directo de la celiaquía. Aún cuando se había descubierto el origen de la tuberculosis, la lepra y otras enfermedades reconocidas por haber sido epidemias en distintas épocas, la celiaquía no tenía todavía un origen determinado.

Sin embargo, para los años 50 se descubrió el tratamiento para esta enfermedad que, hasta entonces, era mortal. Y esta se basa en una intolerancia inmunológica y permanente al gluten ingerido de la cebada, del trigo, el centeno y, en aquellos que tienen predisposición genética a sufrir la enfermedad, también a la avena. Es decir, a las harinas.

Pero a la vez, el pan siempre ha sido expuesto como un alimento simbólico vinculado a la posibilidad de un trabajo, y detrás suyo se ha escondido siempre un rito religioso que lo mostraba como un alimento sagrado, inmaculado e imposible de hacer daño, explica.

Cuando por fin se descubre el tratamiento, la medicina empezó a trabajar fuerte sobre los hábitos alimenticios. “Argentina come 87 kilogramos de pan por habitante por año”, dice, y cuenta que es, básicamente, un almidón purificado al que se le sacan todas las fibras, y eso pasa al cuerpo, donde “se guarda”.

Por eso desde entonces se fundó el Club de Madres de Niños Celíacos para incorporar a las madres al tratamiento. “Después de trabajar en esto, empezamos a ver que había muchos que eran celíacos y otros que tenían problemas en la materia fecal”, contó.

¿Con qué tenía que ver? Con el consumo de lácteos. “Los padres daban y dan yogures y postrecitos porque creen que son muy buenos. Este es, claro, un gran negocio, porque convierten un litro de leche (pongamos que sale $20) en cuatro postres de ese mismo valor (en $80)”, afirma.

Sobre eso, remarca que las empresas invierten entonces en publicidad y marketing y se los termina asociando al éxito, al deporte, al trabajo, a la belleza, al crecimiento, el atletismo, y finalmente traen problemas de salud. Por eso, explica, es clave acudir a la medicina para saber bien qué es recomendable y qué no, sobre todo, en los niños.

Escuchá la nota completa en Spotify – Agrolink, el podcast del campo: Pan y lácteos – Palabra de Campo