Vicuña: un camélido silvestre cuya lana representa la fibra más fina del mundo

Dialogó con Palabra de Campo el técnico y referente del INTA, Hugo Lamas, que cuenta las particularidades de esta especie en Argentina, su llegada, adaptación, y el proceso de esquila.

Los camélidos son originarios de norteamérica que migraron al sur del continente y se desarrollaron en dos especies domésticas y dos silvestres. Las domésticas, llama y alpaca, y las silvestres, guanaco y vicuña.

Esta última no tiene posibilidades de ser domesticada, explicaba en diálogo con Palabra de Campo -por Radio 10– el técnico y referente del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria -INTA- Hugo Lamas.

Allí, explicó que son animales muy adaptados al ambiente extremo, completamente seco y de altura, del Norte Argentino. Se trata, dijo, de animales con un metabolismo bajo con glóbulos sanguíneos “chatos” que permiten captar mejor el oxígeno del aire.

Su gestación es de las más largas, llega a once o doce meses, pero no son animales poco productivos como podría pensarse. Sino todo lo contrario, porque la cría que nace, cae y a los pocos minutos está lista para pararse y correr a la par de su madre.

La lana

Entre un año y un año y medio pasado de su nacimiento, están en condiciones de ser esquiladas. Se trata de la fibra más fina del mundo, y una de las más caras, con las que se hacen las prendas más costosas de la moda, sobre todo, europea.

Lo importante, dice, es dejar crecer a la fibra, y para aprovechar el potencial que tiene habría que lograr unos 3 centímetros -por lo menos- de largo. Eso, explica, se consigue con animales que tienen más de un año y medio y que, luego de la primera vez, pueden esquilarse a los dos o tres años.

Con esos promedios temporales, podría obtenerse unos doscientos gramos de lana por animal. La misma cuesta mucho: en las licitaciones del 2019 estuvieron en el orden de entre 330 y 400 dólares el kilogramo. Eso, advierte, representa más de 150 veces el valor de un kilo de lana de oveja.